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Entre el lápiz y la computadora: El Oficio del Ilustrador

CRISTIAN TURDERA decidió de grande que iba a dibujar para chicos. A pesar de su corta carrera, su nombre ya figura en tapas de libros junto a Ana María Shúa, Gustavo Roldán y Adela Basch, entre otros. Es miembro del Foro de Ilustradores desde al año 1988 y el año pasado recibió, junto al escritor David Wapner, el premio ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina) al mejor libro álbum 2002-2003 por su obra “Canción Decidida”, un proyecto realizado desde el sello Pequeño Editor que él mismo coordina. Además, es director de arte de la agencia “Del Sol publicidad”. En esta entrevista, nos cuenta acerca de su trabajo y de cuál es el secreto para que un libro funcione.

Fundación Leer: ¿Cuál es su formación?

Cristian Turdera: Mi oficio básico es el de diseñador gráfico, pero paralelamente soy ilustrador, ambos se complementan. En general, los que trabajan como ilustradores se forman en Diseño, en Bellas Artes, en talleres relacionados con el tema o son autodidactas. En la Ciudad de Buenos Aires no existe una escuela terciaria de ilustración

F.L.: ¿Era una profesión a la que aspiraba desde chico?

C.T.: De muy chiquito nadie sabe qué va a ser. Creo que es un cliché pensar que los ilustradores dibujaban durante veinticuatro horas por día cuando eran chicos. Todos los chicos dibujan. En mi casa no había un entorno intelectual, con libros y películas. Mi mamá era ama de casa y mi papá era peluquero. Tampoco había grandes colecciones de libros, sino simplemente lo que hay en una casa normal.

Yo quería ser arquitecto, pero me di cuenta de que lo que más me gustaba era la parte del diseño de las fachadas, dibujar las plantitas y esas cosas. Entonces, comencé la carrera de Diseño Gráfico. Cursando una de las materias, Dibujo, conocí a Elenio Pico, un ilustrador argentino que ahora vive en Barcelona, quien por su personalidad y forma de enseñar me complementó mucho. Esa materia era la que más placer me daba y divertía, era como el recreo de todo lo demás. Esos primeros dos años me marcaron, pero tampoco decidí en ese momento que sería ilustrador. Empecé a ilustrar para chicos a partir de un proceso que fue decantando, me di cuenta que era lo que más me gustaba hacer.

F.L.: ¿Cómo es el proceso de ilustración de un texto?

C.T.: Por un lado, está el autor del texto y, por el otro, el autor de las ilustraciones. En los últimos años se ha luchado mucho para que el ilustrador sea reconocido como autor. Seis años atrás era muy poco probable que a un ilustrador se lo considerara autor de las ilustraciones, tanto como se considera al escritor autor del texto. Durante los últimos años ha habido un avance en cuanto a este reconocimiento. Sin embargo, todavía hay libros en los cuales un cincuenta por ciento es texto y otro cincuenta ilustración y, a pesar de ello, el ilustrador no figura en la tapa. A veces el porcentaje que le corresponde al ilustrador es mucho menor que el del autor. El ilustrador sólo puede hacer un libro por el cual cobra derechos o recibir un pago por las ilustraciones, peor después más nada. No le sucede lo mismo al autor del texto.

Un libro álbum bien hecho no funciona sin alguno de los dos, texto e ilustración. Es como en las películas de cine: si no ves la imagen y escuchás el texto o al revés, deja de ser lo que es. El secreto del libro álbum es ilustrar dibujos que funcionen como un complemento del texto y que hagan crecer a la historia. Es decir, que se cuente la historia por el lado del dibujo y otra por el lado literario, y que esas dos cosas formen otra.

Existen dos posibilidades. Una es reunirse con el autor de texto o escribir el propio. Yo no suelo hacer esto último, crear un proyecto, ir a una editorial y presentarlo en el país o afuera. Para las editoriales eso es interesante porque está todo resuelto. Lo único que deben hacer es buscarle un formato. Incluso, a veces se presenta diseñado, con el armado de los trabajos originales y la edición. La otra posibilidad es que la editorial le diga al ilustrador que tiene un texto escrito por determinado escritor y le proponga realizar las ilustraciones.

En general, existen cuatro los pilares: el escritor, el ilustrador, el editor y el diseñador. Lo ideal es que trabajen juntos; de lo contrario, el producto no es tan bueno. El primer paso es leer el texto. A veces sucede que el ilustrador no habla con el autor, le llega el texto y el boceto de la editorial con los espacios para ilustrar. Esa es la posibilidad menos rica. Distinto es juntarse con el escritor y preguntarle qué idea tiene del libro, qué clima se imagina y, a partir de eso, crear. Lo mejor es que se junten las cuatro partes, aunque en general eso no sucede. El editor tiene una participación importante, ya que debe aportar desde el lado de hacer crecer el libro.

F.L.: ¿Suele diseñar los libros que ilustra?

C.T.: Cuando puedo tomo el rol de diseñador. El año pasado hice un libro para la editorial Norma, con un texto de Gustavo Roldá. La editorial me dijo que tendría treinta y dos páginas y que, a partir de eso, pusiera el texto donde quisiera. Fue muy interesante porque, en principio, pude definir el diseño que le dio identidad al libro. Lo mejor es diseñar mis propios libros porque de esa manera el libro tiene más personalidad, se convierte en el objeto que imaginé cuando lo empecé.

F.L.: ¿Cuánto tiempo lleva ilustrar un texto?

C.T.: Es posible hacer un libro en un mes, pero la experiencia me dice que no es lo mejor. Algunas editoriales han implementado una modalidad que yo sigo con “Pequeño Editor”, un sello relativamente nuevo en el cual coordino algunas ediciones, que consiste en ir realizando los libros de a poco, trabajar en ellos el tiempo necesario. Una vez que se termina el libro, se pone fecha de publicación. Eso es lo ideal. Las editoriales del exterior trabajan en un libro durante seis u ochos meses. De esta manera, se puede hacer el libro y reverlo, ver cómo quedó la edición de las ilustraciones, los colores, los espacios. Cuando esto es posible, el libro es mucho mejor.

Por lo general, con las editoriales grandes me toma dos meses ilustrar. Sin embargo, no es el único trabajo que realizo. También soy director de arte en una agencia, y hago manuales escolares.

F.L.: ¿Qué diferencia encuentra entre ilustrar libros álbumes y manuales escolares?

C.T.: Los tiempos son mucho más ajustados e inevitablemente eso influye en la calidad de la ilustración. Hay excepciones, pero en general el trabajo para manuales es mucho más ágil y se paga mucho menos, porque no se cobran derechos. Los espacios son más reducidos, el diseño siempre está abarrotado.

La ilustración está mucho más cerca del oficio que del trabajo artístico. A veces, me peleo con otros ilustradores porque para mí la ilustración es un oficio, no algo artístico como el dibujo. Es importante que eso sea así, es el oficio llevado a lo máximo. Los manuales están muy alejados de poder trabajar con cierta libertad, los autores están más pendientes de los detalles como la cantidad de dedos, ojos, significados que a uno ni se le pasan por la cabeza.

F.L.: ¿Qué cambios de estilo observa en los últimos años?

C.T.: Indudablemente, el uso del recurso digital, que hace diez años no estaba. Ahora se trabaja directamente en la máquina. Casi todos mis libros son digitales. Sin embargo, en general, hay un abuso de ese recurso. Actualmente, prima el uso de lo digital por ser algo práctico y moderno que suele dar como resultado un producto estático, más frío. El uso de lo digital coloca a muchos ilustradores en el mismo lugar. Se usa tal como está, pero la computadora puede ser pensada como el crayón o la acuarela. Es decir, cada uno debería hacer con ella su propia búsqueda.

Hay una influencia muy fuerte por parte de los canales de dibujos animados. Hay cuatro canales que están las veinticuatro horas en el aire. Todos los ilustradores que conozco los miran. Estamos influidos por el Cartoon Network y las Chicas Superpoderosas, dibujos que se hacen en digital y no tienen línea de lápiz, como eran Tom y Jerry con los fondos en pintura. Ahora todo es plano, muchos hacen lo mismo que se ve en televisión.

Yo suelo mezclar las dos cosas, hago los bocetos en lápiz y después paso a la máquina. El color lo trabajo por capas, logrando casi la sensación de una acuarela. No estoy en contra de lo digital. Me encantan los trabajos del estadounidense Otto Seibold, que hace cosas alucinantes, pero tiene su propio planeta. No creo haber alcanzado un estilo, estoy permanentemente en la búsqueda, lo cual me parece muy interesante.

F.L.: ¿Cuál es su experiencia en el Foro de Ilustradores?

C.T.: El foro funciona desde el año 1998. Yo fui partícipe de las primeras reuniones. A partir de que Elenio Pico hizo una muestra en el Centro Cultural Recoleta, en la que me incluyó, se formalizó en esa reunión la creación del foro. Los primeros participantes éramos seis o siete: Mónica Weiss, Istvan, Nora Hilb y otros. Después comenzamos quince personas en lo de Mónica quince, y luego veinte. Comenzamos a hablar de los derechos que teníamos los ilustradores como autores, ese fue el leit motiv: trabajar, educar y concientizar a los editores. Incluso hemos consultado abogados para que nos asesoraran. Es una organización que era necesaria. Nació como un grupo chico, hoy la conforman más de quinientas personas.

Comencé en el foro cuando recién empezaba a ilustrar y hoy me encuentro con un montón de libros. Conocer la experiencia de ilustradores que ya tienen una trayectoria me sirvió muchísimo. Recuerdo estar en las primeras reuniones sentado al lado de Oscar Rojas, que tiene cuarenta años de carrera. Eso no sólo es un incentivo, sino que también te transmite su experiencia, qué y cómo hacer las cosas.

Se trata de un espacio absolutamente ecléctico. No hay una curación de trabajos previa, puede entrar cualquier persona que esté ilustrando o pretenda ilustrar para chicos. Es absolutamente abierto, no sé hasta qué punto nos podemos identificar estilísticamente. Estamos todos por lo mismo, nada más y nada menos.

El foro funciona muy bien en la divulgación de información, ya sea de trabajos, de concursos, de muestras en el exterior, de lo que está haciendo cada uno. Es como una reunión virtual porque es imposible juntar quinientas personas permanentemente.

F.L.: ¿Cómo funciona la organización del foro? ¿Posee una estructura?

C.T.: Es y siempre ha sido horizontal. Hay una cabeza que es la coordinadora y un consejo de ancianos que se formó en esta última etapa. Se está trabajando en lograr una organización que permita abarcar a tantos integrantes y direccionar al foro apuntando al motivo por el cual surgió en un primer momento. No es lo mismo contar con cincuenta que con quinientos integrantes. Ya no es sólo pelear por los derechos de autor, sino darle al ilustrador argentino un lugar en el mundo. Hemos enviado trabajos a diferentes países, por ejemplo a Polonia, que es un centro muy importante en este sentido. Lo bueno es que tampoco existen obligaciones, se piden colaboraciones pero no de dinero, no hay cuota ni nada parecido. Los pedidos pueden consistir en armar carpetas, por ejemplo. Si uno puede colaborar, bien; pero en el caso contrario, nunca va a haber ningún reclamo. Se han formado grupos de trabajo: algunos se dedican a hacer carpetas o muestras, otros juntan material para mandar a los diferentes departamentos.

Gracias al foro, muchos han conseguido trabajo. Incluso a mí me llaman por estar en la página. Funciona muy bien. Hay que darle una refrescada para que siga dando resultados.

Más información:
Sitio Web: www.cristianturdera.com

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"Cualquier libro ayuda a abrir puertas porque pone al lector en disposición de aceptar ví­as alternativas a la vida cotidiana. El libro hace un tajo en la realidad como una espada buena."
- Claudio Zeiger