Docentes

El Placer de Leer

MARIO LILLO es maestro y especialista en literatura infantil y juvenil, y coordinador de diversos programas de promoción de la lectura en el área de Nivel Inicial de la secretaría de educación del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. El contacto con los libros y con la literatura desde los primeros días de vida permite el desarrollo de personas capaces de crear, imaginar, soñar y pensar.

Fundación Leer: ¿ Cómo puede definirse el campo de la literatura infantil?

Mario Lillo: Este es un tema tan central como difícil, pero lo primero que es necesario decir es que si hablamos de literatura infantil estamos pensando en literatura. Cuando pensamos en literatura entendemos que es un derecho propio que un libro infantil sea de literatura. Definir la literatura infantil es, entonces, definir la literatura en su totalidad, es decir, hecho estético, una forma de decir, en la que yo particularmente, incluyo la literatura oral. 

Si bien la literatura infantil ingresó dentro del mundo de los chicos estando al servicio de la pedagogía o de la enseñanza, los chicos se fueron apropiando de textos de los adultos, como Gulliver, Pinocho, Alicia en el país de las maravillas, etc. Por eso, la literatura infantil incluye tanto textos que fueron escritos pensando en los niños como otros que no tuvieron ese objetivo inicial.

El otro punto importante es que la literatura infantil se vasta a sí misma más allá de que pueda ser utilizada por los docentes para trabajar temas específicos o para enseñar. Y esto es muy importante porque es común la confusión de la literatura infantil con lo pedagógico. A veces se piensa que todo aquello destinado a los chicos en formato de libro es literatura infantil. Y esto no es así, hay libros informativos muy buenos, hay historias que, por ejemplo te enseñan a cepillar los dientes, y también hay literatura. Es decir, hay muchísimo material que tiene una intencionalidad pedagógica pero que no tiene la estética de la literatura.

F.L.: ¿Cuáles son las principales funciones de la literatura?

M.L.: La posibilidad de conocer otros mundos, de desarrollar el pensamiento crítico, la posibilidad de crear, de soñar, de imaginar en todos los sectores y a todas las edades. Pero además, leer permite tener una relación fuerte de intertextualidad con el arte en general. En la medida en que las personas comienzan a hacer sus propios recorridos lectores, también empezarán a relacionarse con otras formas del arte.

F.L.: ¿Cuál es la edad ideal para iniciar a los chicos con la literatura y con los libros?

M.L.: Yo creo que desde un primer momento, y cuando digo desde un primer momento me estoy refiriendo incluso al período del embarazo. La madre tiene que estar en contacto con la literatura y hacer su recorrido lector y transmitirlo a su bebé. Y cuando nace, el primer camino de contacto con la literatura es la oralidad, a través de las canciones de cuna, las nanas, la simple unión de dos labios provocando un sonido o una melodía. Después, obviamente el hecho de narrar y de leer cuentos e historias a los chicos. Para mí este es un desafío importantísimo, generar el vínculo con la palabra y con los libros desde el primer momento.

Teniendo en cuenta esta idea central, desde hace unos años estamos desarrollando desde la dirección de Nivel Inicial de la secretaría de educación el proyecto Libros desde el primer día, que consiste en la creación de bibliotecas para bebés en los Jardines maternales y escuelas infantiles. Hasta ahora hemos creado 18 bibliotecas a las que pueden acceder más de 1200 niños y 300 docentes. El proyecto incluye la provisión de un listado de libros adecuados, mobiliario y accesorios para acondicionar el espacio. Además se brinda un asesoramiento a cargo de especialistas y se organizan reuniones con los supervisores de los distritos, los directores y los docentes de las instituciones, quienes también participan de capacitaciones en servicio.

F.L.: En relación con el contacto de los más chiquitos con los libros aparece generalmente el temor a que no los cuiden, los rompan...

M.L.: Exacto. Eso sucede básicamente porque tenemos una cultura de sacralización del libro muy fuerte. Y esto seguramente esta relacionado con las propias escenas lectoras de cada uno. Yo recuerdo que en mi escuela primaria los libros estaban guardados bajo llave, en un lugar al cual no era posible acceder, el libro era algo sagrado pero en el sentido de lejano y también ajeno. Es algo muy habitual que en las casas en las que hay enormes cajones de juguetes, no puedan encontrarse allí libros. Con esto no quiero decir que los libros sean juguetes, pero sí que es fundamental que estén cerca de los chicos, que puedan apropiarse de ellos y que puedan entenderlos como parte del momento del juego y del placer. Después, el propio niño los va a ir separando y ubicando en un espacio diferenciado.

Por otro lado, hay libros de plástico, de goma, con dispositivos de juego. Hay ejemplos de libros como los del elefante Elmer que tienen distintas presentaciones que pueden ser comparables al recorrido lector del niño: vienen en plástico, después en cartoné y por último en el formato y material tradicional.

F.L.: El problema es que si pensamos en sectores de bajos recursos, el acceso a ese tipo de materiales es más difícil. ¿Cómo hacer para que esto no devenga en la ausencia de contactos tempranos con la literatura?

M.L.: Es cierto y tal vez es algo muy difícil de resolver. De todas maneras, la oralidad es un elemento fundamental en esta primera etapa. Lo que se pierde en los tres primeros años de vida, es muy difícil recuperarlo. Creo que la pobreza tiene mucho males, y uno de los más grandes es la ausencia de contacto con los libros. En general, se asocia la pobreza a la falta de alimentos, de vivienda y salud, pero nunca se la asocia con la falta de vínculo con la literatura, con los libros y con la lectura. Si se instala en el imaginario de la gente que esto también es pobreza, vamos a lograr niños y personas críticas, reflexivas, imaginativas.

Pensando en estos contextos de pobreza que vos mencionabas, tuve hace poco una experiencia que me impactó mucho. En el marco de los programas que desarrolla la secretaría estamos creando bibliotecas en comedores. Tuve la oportunidad de conversar con la encargada de uno de estos comedores que pedía tener una biblioteca, y cuando le pregunté por qué, para qué quería esta biblioteca me respondió: “para que tengan algo de color en las manos”. Esta es la síntesis que ella hace de esa situación de pobreza y de las carencias, en la cual a la falta de alimento y de un montón de necesidades básicas, se suma la ausencia de la posibilidad de imaginar, de soñar.

F.L.: ¿Cuáles son las claves para que este contacto que debe iniciarse desde el primer momento vital de un niño, se profundice y adquiera otras formas a medida que este niño crece sin quedar supeditado a las funciones pedagógicas de la escuela?

M.L.: En primer lugar, es fundamental que la literatura continúe vinculada al juego y al placer. Por otro lado, es importante ofrecer a los chicos una amplia variedad de textos, porque esto brinda la posibilidad de elegir y genera el deseo de leer. En este sentido es importante que los libros estén al alcance de los niños. En las salas de jardín de infantes será a través de bibliotecas que estén a la altura de los chicos, donde sean ellos mismos los que eligen y toman el libro. Lo mismo en las aulas de nivel primario. Es decir, que los chicos puedan acercarse, mirar y elegir, tres acciones propias de un lector autónomo.

En segundo lugar, es importante que se creen en las salas y en las aulas momentos de lectura y de narración. Son dos cosas diferentes pero que van de la mano y no es una más importante que otra.

F.L.: Generalmente uno encuentra en la bibliografía sobre el tema distintas clasificaciones de los intereses de los niños en relación con la literatura. ¿Podemos pensar en una transformación de estos intereses en relación con el contexto y con los cambios en la construcción de identidad de la infancia?

M.L.: Absolutamente. Hay cosas comunes en los chicos en relación con las edades, que siempre se repiten pero eso tiene que ver también con el contexto de la casa, de los medios de comunicación y con la escuela. Yo decía anteriormente que una biblioteca sin variedad no da la posibilidad de elegir y, de alguna manera, le está quitando al chico el derecho a leer. Leer es un derecho, pero para que pueda cumplirse tiene que haber algún lugar o espacio al que los niños puedan acceder, contactarse con una variedad de libros, y a partir de allí, elegir. Por eso, creo que hay intereses que son comunes y otros que se van generando a partir de los mediadores y de las experiencias lectoras de los niños.

F.L.: Más allá de las principales funciones de la literatura infantil, y teniendo en cuenta los intereses de los chicos, ¿es válido trabajar problemáticas por las que atraviesan los niños a partir de textos literarios?

M.L.: Yo creo que sí. Toda la literatura presenta conflictos y distintas temáticas para abordar. Si un adulto conoce cuáles son las problemáticas o necesidades de los niños con quienes trabaja, puede acercarle libros que los ayuden a ir construyendo su propio camino como personas. A veces se encuentran en la literatura cuestiones que permiten la identificación y que pueden ayudar a los chicos a crecer.

Pero también hay que tener en cuenta que la lectura es en general un hecho individual, un encuentro de la persona con el libro. Pero demás de este primer contacto con el libro, a través de la lectura silenciosa, yo creo que hay que trabajar fuertemente la lectura en voz alta y la lectura compartida. Creo que esto permite armar redes y compartir lo que le pasa a cada uno con la lectura de un texto determinado. Compartir las lecturas que cada uno hace y las múltiples lecturas ayuda también a crecer y a generar nuevas experiencias.

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"Un ser no está completo hasta que no se educa."
- Horace Mann