MARÍA TERESA ANDRUETTO es escritora, profesora, licenciada en letras modernas de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en literatura infantil y juvenil. Formó parte del equipo fundador del CEDILIJ (Centro de Difusión de la Literatura Infantil y Juvenil) entre 1984 y 1995. Fue cofundadora de la revista Piedra Libre.
Fundación Leer: ¿Cuándo se inició en la literatura? ¿Cuándo empezó a escribir para chicos?
María Teresa Andruetto: No es sencillo fijar una fecha, porque no hay una decisión de ser escritora de un día para el otro sino más bien una suma de pequeñas decisiones que vinieron a dar a este lugar donde ahora estoy. Sin embargo, de poner una fecha, pondría el año 1982, cuando yo tenía 28. Tal vez ese momento de la vida o el miedo a la enfermedad de la que estaba convaleciente, me llevaron a decidir la escritura hasta entonces esporádica, de un modo más sistemático. Fue entonces que empecé a borronear una novela (mucho después editada con el título de Tama, Editorial de la Municipalidad de Córdoba, actualmente en redición en Alción editora), mi primer libro.
Lo primero que escribí para chicos fue Dale Campeón, un cuento del que tenía un borrador para grandes y decidí adaptarlo para poder enviarlo a un concurso que organizaba la Editorial Colihue (Concurso del Pajarito Remendado). Fue en el año 1988.
F.L.: ¿Prefiere ser presentada como escritora o como escritora de literatura para chicos? ¿Por qué?
M.T.A.: Me cuesta todavía hoy presentarme como escritora. Escritora es una palabra y una profesión para la que nunca nadie parece habilitarnos lo suficiente. Siempre me sonó como una palabra muy cargada y difícil de ponérsela uno como un sayo. Pero en el caso de usarla, me siento una escritora a secas, porque la literatura destinada a los chicos ocupa sólo una parte de mi escritura, que transita diversos géneros (escribo poesía, narrativa y últimamente he intentado algo de teatro) y diversos niveles de lectores (adultos, jóvenes, primeros lectores).
F.L.: ¿Existen temas para chicos y temas para grandes? ¿Se puede hablar de todo en la literatura infantil?
M.T.A.: Creo que sí, que se puede hablar de todo. O de casi todo. Pero varía el nivel de complejidad. En el lenguaje y también en la temática. O sea, se puede hablar de todo, sí, pero se trata de un todo más sencillo, para decirlo de algún modo.
F.L.: ¿Cómo se integran los temas de la marginalidad social en las historias para chicos?
M.T.A.: De la misma manera en que se integran en la literatura para adultos. Nunca he pensado en la marginalidad como un asunto separado de la historia a contar. Sea ésta para grandes o para chicos. Nunca tampoco intenté narrar la marginalidad. No me preocupo por eso. En cambio creo tener un oído atento al sufrimiento y al asombro de las personas y es así como las historias aparecen. Simplemente a veces se me aparecieron historias donde ese aspecto, el de lo marginal, estaba de una manera muy fuerte. Quiero decir que cuando veo una historia, la veo completa, con sus aspectos sociales e individuales, aspectos que pueden ser marginales o no. Así funciona el imaginario: se trata de un modo de conocer que, en caso de ser aprehendido, toma todos los aspectos de una cosa o un acontecimiento y los encarna en una imagen.
F.L.: ¿Tiene la literatura una función en ese sentido (si es que, realmente, tiene alguna función concreta)?
M.T.A.: ¿Si la literatura tiene una función social? Sí, pero no en el sentido funcional. Eluard decía que un poeta puede escribir sobre cualquier tema, puede hacer poemas incluso sobre política. Pero siempre que la circunstancia de afuera coincida con la circunstancia del corazón. Más que en mis pensamientos, confío en mi capacidad de conmoverme. Pienso que si una historia me conmueve, tal vez pueda lograr yo conmover a otros. Parece un contrasentido, pero creo que lo que perseguimos escribiendo o leyendo ficción es el resplandor de lo real. La vida tocada ahí, por un momento, en toda su intensidad. Creo que el trabajo de escribir, que es esforzado y delicioso, consiste en buscar ese esquivo resplandor.
F.L: ¿Qué se propone, qué objetivos tiene cuando comienza a escribir una historia?
M.T.A.: Ninguno que no sea mirar. Mirar intensamente a un personaje que he logrado atrapar por la cola. Seguirlo. Ver a dónde me lleva. Acompañarlo en su alegría o en su dolor, en su vergüenza o su mezquindad. Emocionarme u horrorizarme o avergonzarme con él intensamente. Sólo así podré tal vez algún día emocionar, horrorizar, avergonzar a alguien con lo que escribo.
F.L.: ¿Qué lugar tiene la poesía dentro del campo de la literatura infantil?
M.T.A.: Un lugar muy pobre, ya que los editores dicen que la poesía no se vende. Se publica poco y nada en el rubro poesía para chicos y casi todo lo poco que se publica, es malo. Muy malo.
F.L.: ¿Cuál es el lugar de la literatura dentro de la escuela? ¿Cuál debería ser?
M.T.A.: La escuela como institución es muy grande y abarca realidades tan diversas, que yo no podría generalizar en este punto. Sí puedo decir que tradicionalmente en la escuela el aprendizaje de la lengua lleva tanto tiempo que tiende a tragarse el lugar de la literatura, y que, tradicionalmente, en la escuela prima la necesidad de incorporar información en desmedro de otros aprendizajes, como imaginar, crear, sentir. No obstante tengo muy en claro que para tantos y tantos chicos no hay otro lugar que la escuela para convertirse en lectores y que muchos docentes, a quienes tanto se les pide y sobre quienes cae tanto peso social, intentan (en mayor o menor medida y con mayor o menor acompañamiento de su institución y de los gobiernos) abrir y ensanchar desde hace años un espacio para instalar en la escuela la escritura creativa y los hábitos lectores.
F.L.: ¿Existen estrategias específicas para estimular la lectura entre los chicos?
M.T.A.: Sí, claro. Se trata de una especialidad. Existen estrategias. Y programas. Y capacitaciones. Y objetivos. Tal como sucede en otras disciplinas. Y cuanto más formado esté un docente, más conciente será de las posibilidades y de los cambios que se pueden generar, de las para decirlo con Graciela Montes- ocasiones que se pueden brindar.